Los besos en el pan: un libro que me salvó cuando casi me volví zombi

Quiero dedicar la primera entrada sobre lecturas realistas a Los besos en el pan, de Almudena Grandes, el libro que en octubre me salvó de cuatro horas de rumia obsesiva y destructiva.

El mes pasado, tras dos años de investigación, por fin presenté mi Trabajo de Fin de Máster (mira que sois perversos, os informo de que la mayoría de los mortales defendemos los TFM delante de tribunales). El caso es que llegué a Madrid satisfecha, segura, encantada con el resultado. Así que podéis imaginar el mal cuerpo que se me quedó cuando uno de los evaluadores (un catedrático prestigioso y con fama de estricto) me destripó el trabajo y con él a mí misma, que salí de allí arrastrándome cual zombi lastimero.

zombie mujer

Yo por las calles de Madrid después de presentar el TFM

Había planeado visitar algunos rincones de la capital antes de coger el tren de vuelta a casa, pero no me quedaban fuerzas y fui directa a la estación de Chamartín. Necesitaba algo que me reconfortara, entré en la librería y busqué en la sección de bolsillo. Allí lo vi, con esa portada que me llamaba, esa niña tras un cristal mojado que parecía decirme: «Cógeme, Laura, llévame contigo». No lo postergué más, había llegado el momento de saber qué se escondía allí.

Los besos en el pan


LO QUE SE ESCONDÍA EN EL LIBRO

Al abrirlo me encontré con la siguiente poesía:

Pobre fue mi padre,

muy pobre,

y el padre de mi padre

y pobre soy yo.

No tener nada mata la sangre aquí,

en España, y no te quitas el olor a pobre nunca,

y acaban convirtiendo tu pobreza

en culpabilidad, todo un arte moral.

Pobres y culpables,

el padre de mi padre,

mi padre

y yo.

Manuel Vilas, «Historia de España», Poesía completa (1980-2015) 

¿Qué nos quiere decir Almudena con esta cita? 

A mí me transmite dos ideas: la dificultad de escapar de la pobreza, que se hereda una generación tras otra, y la tendencia del ser humano de culpabilizar a la persona de lo que le ocurre sin tener en cuenta el contexto (lo que en psicología se llama error fundamental de atribución) y es que, siento deciros que no siempre que se quiere, se puede.


I Antes

Lo que sí parece ser compatible es ser pobre y tener dignidad, algo que Almudena deja claro en la primera parte del libro, donde, en apenas cuatro páginas, nos cuenta que en España a mediados del siglo XX la herencia que la mayoría de las familias dejaban a sus hijos era la pobreza junto a la capacidad de no sentirse humillados por ello.

Al leer esto, inmediatamente se me vino a la cabeza mi relato La chica de los nueves que cuenta exactamente lo contrario, cómo en pleno siglo XXI después de haber nacido con todo hecho, tener estudios superiores y habernos creído que, esforzándonos, conseguiríamos el trabajo de nuestros sueños, de pronto ese mundo se derrumba y nos vemos abocados a la precariedad, pero esta vez sin encontrar esa dignidad que tenían nuestros abuelos. Podéis leer este relato y mucho otros inéditos en mi libro Mujeres de retales Vaaale, ya dejo la publicidad y sigo con Los besos en el pan.

Almudena describe dos imágenes que reflejan a la perfección la España de aquella época:

«Ellos recuerdan que, no hace tanto, en las mañanas heladas de invierno las muchachas de servicio no andaban por las calles de Madrid. Las recuerdan siempre corriendo, los brazos cruzados sobre el pecho para intentar retener el calor de una chaqueta de lana».

En esta primera imagen nos muestra cómo las chicas de servicio no tenían dinero ni para comprarse un abrigo.

«Cuando se caía un trozo de pan al suelo, los adultos obligaban a los niños a recogerlo y a darle un beso antes de devolverlo a la panera, tanta hambre habían pasado sus familias en aquellos años».

Esta segunda imagen es la que da título a la novela y no hace falta que diga más, lo dice todo por sí misma.


II Ahora

El cuerpo de la novela se encuentra en el ahora. A través de capítulos cortos, Almudena nos va presentando distintos personajes, cada uno con sus dramas personales, pero todos englobados en el mismo contexto: un barrio de Madrid en plena crisis.  Con esta premisa aparecen situaciones que todos hemos vivido, visto, escuchado, pura actualidad contada desde personajes muy humanos.

Os vais a encontrar con recién divorciados intentando adaptarse a su nuevo estado civil, abuelas que animan a la familia con algunas extravagancias, comerciantes preocupados por el devenir de sus negocios, mujeres que se han quedado sin trabajo y tienen que reinventarse, transexualidad, lucha, inmigración, solidaridad, corrupción, desahucios, ocupación, hambre, enfermedad, alcoholismo, suicidio…un cóctel molotov narrado con fluidez y sutileza.

La historia que a mí más me ha llegado ha sido la de María Gracia y Antonio. Ella es una empleada del hogar solitaria, a la que nadie mira, que se siente fea, desgraciada; él también es solitario, lleva demasiado tiempo en el paro, se le ha agotado la prestación por desempleo, es alcohólico y no tiene más familia que una hermana que le permite vivir en un chiscón. Durante un año, ambos desayunan todos los días en el mismo bar; desayunan y se miran, pero no se atreven a decirse nada, hasta que un día él desaparece y ella recibe una nota que la destrozará.


III Después

La novela cierra con algunos apuntes sobre cómo se encuentran los personajes tras ese año convulso y deja entrever cómo irán enfrentándose a otras historias porque, como no puede ser de otra manera, la vida sigue a pesar de todo.


 

LO MEJOR Y LO PEOR

 

Lo mejor: la humanidad de los personajes y la escritura sin artificios que dota a la novela de la naturalidad que necesita.

Lo peor: en ocasiones se hace difícil seguir las relaciones entre los personajes, ya que son tantos y tan variopintos. Confieso que en algún momento tuve que volver hacia atrás para situarme.


 

 ¿POR QUÉ ME SALVÓ?

 

Me metí tanto en la historia desde la primera página que pasé las cuatro horas de tren en un mundo paralelo en el que no existía ni mi TFM ni la imagen del catedrático destripador. Cuando llegué a casa ya había devorado media novela y al día siguiente la terminé nada más levantarme. Me atrapó y me devolvió la dignidad que había creído perder en aquel aula.

Por cierto, ¿adivináis qué nota saqué en el TFM? ¿No? ¡Pues leed La chica de los nueves!

 

2 comentarios en “Los besos en el pan: un libro que me salvó cuando casi me volví zombi

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