Mis fuentes de inspiración literaria

almohadilla, billetes, bloc

Habréis leído mil veces eso de: “la inspiración existe pero tiene que encontrarte trabajando”. Estoy de acuerdo, una rutina de trabajo es necesaria para cualquiera y no iba a ser menos para los escritores (de eso hablaremos en otra entrada), pero también es verdad que si te aíslas en tu habitación de escritura, le estás cerrando la puerta a  muchas ideas que solo te llegarán cambiando de actividad. Hoy os quiero contar cuáles son las distracciones que me encienden la bombilla, me proporcionan temas sobre los que escribir, ideas para empezar una historia.


1. El teatro

Me encanta el teatro, incluso hubo un tiempo en el que lo practiqué y soñaba con ser actriz, luego me dijeron que era muy difícil conseguirlo y decidí que sería escritora (siempre fui una ilusa). A pesar de que voy poco porque mi economía no me lo permite, cuando lo hago siempre vuelvo a casa con alguna idea para teclear.

El sábado pasado, acudí a una obra sobre la inmigración y los refugiados. Imaginaba que tratándose de esta temática vería algo sobre lo que querría escribir y, efectivamente, a media función interpretaron una escena que me sacudió los huesos. Me vi a mí misma, este verano, en la costa mediterránea, disfrutando del sol con un vestido veraniego y un sombrero de palma de los que tanto me gustan, bañándome en un mar tranquilo y templado, obviando que ese mismo agua es la tumba de miles y miles y miles.  Creo que puede salir una buena historia, ¿no?


2. Las series

Tras un día agotador no hay mejor recompensa que una serie junto a mi pareja. Hemos visto muchísimas, pero tengo que elegir unas pocas para hablar aquí porque si no, este post sería eterno y os irías a leer otra cosa más ligera, así que me quedo con tres de las que quiero destacar una cualidad que nos puede servir como escritores.

Breaking bad

Para crear personajes creíbles

Seguro que la mayoría ya la habéis visto, si no, ¿a qué estáis esperando? Yo tenía mis reticencias al principio, pensaba que era una serie más sobre drogas y narcos, suerte que dejé mis prejuicios a un lado y empecé a verla. Lo que nos cuenta esta historia es la capacidad del dinero y del poder para corromper a cualquier persona, incluso a una que ha pasado su vida cumpliendo las normas y agachando la cabeza. Para mí lo más destacable son los personajes, tan reales y creíbles en situaciones extremas.

Peaky Blinders

Pedazo de ambientación

Hielos que chocan contra un vaso de güisqui, crepitar de cigarros, trotar de carromatos tambaleantes, calles tiznadas de hollín, vestuario exquisito y un acento logrado te transportan al Birmingham de los “Peaky fucking blinders“, una familia de gitanos que tras la Gran Guerra comienza a ascender en la escala social gracias a las ideas de su ambicioso líder Tommy Shelby. Está basada en un grupo criminal que existió en la ciudad, famosos por llevar unas cuchillas enganchadas en sus gorras con las que sacaban los ojos a sus enemigos. Una clase magistral de ambientación.

Mira lo que has hecho

Escenas absurdas pero reales, como la vida misma

Termino con una serie española que muestra la realidad de una pareja tras tener su primer hijo. Suegras que te dan consejos, hermanas que te dan consejos, padres que te dan consejos, noches sin dormir, sexo bajo mínimos y malabarismos para conciliar la vida laboral. Todo ello bañado por el humor de Berto Romero que nos muestra pedacitos de su vida tras convertise en padre. Aunque ya ha dicho que no es una serie biográfica, sí que contiene muchísimas anécdotas y situaciones de su vida. Consigue que te creas escenas absurdas como si las hubieras vivido, y eso es lo que quiere cualquier escritor, que el lector se crea lo que lee por muy absurdo que sea.


3. Libros buenos y malos

Para aprender a escribir hay que leer, leer mucho, leer todo el rato y leer obras buenas. Por eso yo siempre recomiendo los clásicos. No es que en la literatura contemporánea no haya obras buenísimas, pero los clásicos son clásicos por algo, han aguantado el paso de los años porque son obras que tratan temas universales que preocupan al ser humano de cualquier generación y que están escritas de una forma excepcional (la mayoría de las veces). No se trata de leer solo clásicos, pero sí de incluirlos en tu lista de lectura.

Y ¿qué pasa cuando nos topamos con libros malos? En vez de tirarlos a la piscina como confesaba Francisco Umbral en este artículo, yo recomiendo leer alguno de vez en cuando, es una manera buenísima de aprender lo que no hay que hacer.

Hace poco terminé La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey, una novela que tiene a muchísimos lectores enamorados y que leí por recomendación de un amigo. La historia me pareció interesante, incluso aprendí algunas cosas sobre la II Guerra Mundial que desconocía, pero, durante toda la lectura tuve la sensación de que algo andaba mal en ese libro, no me terminaba de gustar. Era algo que me resultaba empalagoso, poco creíble, inverosímil. Algo pasaba con esa protagonista que carecía de defectos o los que tenía resultaban encantadores al resto de los personajes, que era el centro de atención y todos la admiraban, que poseía una gran habilidad para la escritura, que tenía un pasado trágico y atípico, de la que dos de los personajes se enamoraban y al final de la historia terminaba con el que creo que era el favorito de la autora (una especie de réplica de Mr. Darcy)…en definitiva, no me matéis por decir esto, pero Juliet Ashton es una auténtica ¡MARY SUE!

Una Mary Sue es un arquetipo literario con el que te puedes cargar el mejor argumento de la historia. Empatizar con los personajes es primordial y yo no lo conseguí con este. Así que, aunque el libro me ha parecido malo (no me matéis, reconozco que tiene cosas rescatables), he aprendido mucho con él, sobre todo, cómo no crear mis personajes. Si estás escribiendo una novela y tienes dudas de que tu personaje sea una Mary Sue, te recomiendo leer este artículo.


4. La vida real

La vida es mi mayor inspiración literaria. De ella he cogido muchas historias para relatos que he escrito: de situaciones mías o de otras personas, conversaciones, cosas que observo y escucho por la calle.

En mi libro de relatos Mujeres de retales gran parte de los cuentos surgen a partir de situaciones reales. Por ejemplo, Sangre y pastillas comienza con una escena real que viví en mi último año de carrera en una clase donde abordamos el tema del suicidio, podéis leerlo en Buenos Relatos, aunque es una versión anterior a la recogida en el libro, donde introduje algunos cambios, pero la esencia es la misma.

También la novela que espero publicar este año tiene de base mis experiencias como cooperante en Palestina, podéis leer el primer capítulo aquí y si os interesa conocer más, este otro relato donde también conté algunas situaciones que viví en Belén y el aeropuerto de Tel Aviv.

Si alguna vez te dices a ti mismo “quiero escribir y no sé de qué”, simplemente sal a la calle, observa y escucha, porque:

“De una pequeña chispa puede prender una llama”.

Dante Alighieri.


  • ¿Qué os parecen estas fuentes de inspiración? ¿Las compartís? ¿Tenéis alguna otra que os sirva?
  • ¿Habéis visto las series que recomiendo? ¿Me recomendáis alguna?
  • ¿Habéis leído La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey? ¿Qué os pareció la protagonista?

Imagen: pexels

 

 

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8 comentarios en “Mis fuentes de inspiración literaria

  1. Yo distingo dos fuentes primarias. En primer lugar, para el “qué”, nada mejor que la fina observación de lo cotidiano. En un escritor, ser chafardero no es defecto sino virtud (también ha de serlo necesariamente el lector). Y en segundo lugar, para el “cómo”, no tengo ninguna duda: leer a los clásicos. No para imitarles, pero sí para analizar dónde reside su grandeza. Después el estilo será personal, pero sin apenas darnos cuenta, habremos acumulado una experiencia que nos facilitará herramientas muy útiles. Después todo queda en manos del talento de cada cual, y de otra virtud importante en el escritor: la humildad, imprescindible para avanzar. Desconfío de quien está convencido de que es el Borges o el Tolstói del siglo XXI.

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    • Totalmente de acuerdo, Andres. Observar la vida, leer a los clásicos y ser humilde son tres ingredientes básicos para poder escribir algo decente. Yo también desconfío de quien cree que su obra cambiará el mundo, aunque tengo la impresión de que muchos escritores noveles creen que se les debe algo por sus “magníficos” manuscritos, el peso de los hechos se encarga de insuflar humildad, aunque me he encontrado con alguno que está convencido de que su obra no ganó tal o cual concurso porque era demasiado provocadora, en lugar de pensar que quizá, probablemente, había otras mejores, a eso lo llamo “complejo Ignatius Reilly”. Por cierto, me encanta la palabra chafardero, la aprendí con mi pareja que es catalán y ahora que lo estoy estudiando sé que viene de xafarder 😉

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  2. Interesante entrada. Estoy muy de acuerdo en eso de que se puede aprender también de los libros malos (o que no nos han gustado).
    Yo creo que la inspiración está en todas partes, incluso en las más aburridas conversaciones cotidianas. A veces llega sin biscar nada.
    Y desde luego, creo que existe una regla de oro: es imposible escribir bien sin haber leído mucho.
    Un saludo.

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    • Gracias, Daniel. ¡Qué razón tienes! De hecho, mis últimas ideas que han terminado convirtiéndose en relatos han venido todas de situaciones que en apariencia no tenían nada de especial: una mañana recogiendo setas en familia, una conversación con mi tía junto a la chimenea, un paseo nocturno por las calles de Madrid…así, sin esperarlo, de repente surge algo que se te queda dando vueltas y es esa chispa que puede encender la llama. Tengo comprobado que mis mejores ideas surgen de las conversaciones con personas mayores, será porque son los que tienen algo interesante que contar, solo hay que pararse a escuchar. Y, por supuesto, el primer consejo que le daría a mi yo del pasado: lee, lee y lee.
      Abrazos.

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  3. Me gustó mucho tu entrada. Hace mucho que no voy al teatro, no porque no me guste, sino por otras razones como el tiempo y el dinero. El teatro tiene algo mágico. Además de series y leer, a veces también saco ideas de películas o conversaciones con otras personas. Como dicen algunos: a veces la realidad supera la ficción. Y vaya que lo hace.
    Y de las series, solo he visto Breaking Bad (y sí, también opino que lo mejor son los personajes). A veces la vuelvo a ver para repasar algunas ideas.
    No leí el libro, pero sí vi la película. El arquetipo de Mary Sue es también para mí uno que no soporto.
    ¡Un saludo! 😀

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    • ¡Muchas gracias! A mí me pasa lo mismo con el teatro, pero cada vez que voy disfruto mucho. El cine no lo incluí porque ya se me hacía muy largo el post, pero también es otra gran fuente de inspiración, aunque en mi caso creo que me ayudan más las series por el formato en capítulos similar al de la novela.
      El otro día empecé a ver la película de “La sociedad literaria y el pastel de piel de patata” y me alegré de que hubieran cambiado tanto a los personajes, en especial a la protagonista, aparecen mucho más reales de lo que me parecieron en el libro, se puede decir que es de las pocas veces que la película me gustó más que la novela 😉
      Saludos y buen fin de semana.

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  4. Me permito recuperar este párrafo de tu entrada: “Para aprender a escribir hay que leer, leer mucho, leer todo el rato y leer obras buenas. Por eso yo siempre recomiendo los clásicos. No es que en la literatura contemporánea no haya obras buenísimas, pero los clásicos son clásicos por algo, han aguantado el paso de los años porque son obras que tratan temas universales que preocupan al ser humano de cualquier generación y que están escritas de una forma excepcional”. Estoy de acuerdo.

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