Finalista del I certamen de microrrelatos contextuales 2020.

Aquí os dejo el microrrelato con el que he sido finalista del I certamen de mircrorrelatos contextuales 2020. En este enlace podéis leer el resto de finalistas y el cuento ganador.

La Artista y el Científico​

Fue duro darse cuenta de que lo mismo que nos había enamorado era lo que no soportábamos el uno del otro. Lo vi claro en la primera sesión de la terapia a la que fuimos por recomendación de mi hermana.


Llegamos a aquella consulta de fragancia cálida a sabiendas de que era nuestro último cartucho. Convencí a Blas con la amenaza de que me marchaba si no accedía y me siguió como un corderito. Desde que comenzamos, hace nueve años, su mayor miedo ha sido que lo abandone; al pobre lo dejó su primera novia sin ni siquiera una señal de disgusto previa, eso dice él, a lo mejor las dio y Blas no las pilló. El caso es que yo creía que siempre había tenido ese miedo a mi favor.


Cuando lo conocí, en una barbacoa con sabor a vino blanco y butifarra, me enamoró su capacidad organizativa, lo bien que ordenaba y dirigía y eso fue, precisamente, lo que llegó a sacarme de quicio, porque todo en su vida, y por ende en la mía, tenía que estar milimetrado. Por eso me llevé una sorpresa tremenda cuando le escuché decir que lo que le había enamorado de mí era la tranquilidad, la manera de tomarme las cosas tal y como venían, sin necesidad de tener mis días bajo pleno control, cuando llevaba echándome en cara meses mi desorganización, exigiéndome que cambiara
mi forma de gestionar la casa, las amistades y hasta el dinero.


Yo había acudido a la terapia con la certeza de que la psicóloga le diría a Blas que su forma de afrontar la vida no era la adecuada, que debía aprender a fluir, pero la mujer no dijo nada de eso. En cambio, nos aceptó a ambos y nos quiso conocer un poco más en sesiones individuales. En la mía hablé de mis padres, de nuestras acampadas veraniegas en el monte, de la libertad que me habían dado durante la adolescencia, de la falta de obligaciones o prohibiciones. Supongo que Blas habló de los suyos, de la presión con la que había crecido para dar la talla, porque en la siguiente sesión conjunta, la mujer nos sacó un esquema que explicaba cómo nuestras historias habían configurado nuestras formas de hacer tan diferentes, que antes nos habían atraído y ahora nos destruían. Según ella, ninguno tenía que cambiar, debíamos aceptar nuestras diferencias, o al menos tolerarlas si queríamos continuar juntos.


Ahí fue cuando me di cuenta de que no quería seguir con él. No lo había visto hasta entonces porque el miedo de Blas se había colado en mis ojos cual pegamento sucio y cegador de tantas veces como me había repetido que yo no haría lo mismo que su ex, no lo dejaría tirado.


Creo que, si no hubiera sido por la psicóloga, habría hecho las maletas y habría desaparecido dejando ese sentimiento de podredumbre sobre el recuerdo de nuestra relación. Suerte que ella nos ayudó a entender que una separación no es un fracaso.

Laura Urcelay

2 comentarios en “Finalista del I certamen de microrrelatos contextuales 2020.

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