Lo que quieran traerme

Olivia chupó el sobre y lo cerró, por fin tenía la carta lista. Seguro que los Reyes Magos estarían orgullosos de ella, después de subrayar más de veinte juguetes de la revista que había encontrado en el buzón, se había decidido a pedir lo que ellos quisieran traerle. La idea se la había dado su madre de tantas veces como le había escuchado decir que este año, por culpa del virus, no podrían traer todo lo que los niños pidieran. Por un momento pensó en contárselo a su padre, lo tenía en el sillón de al lado, con una cerveza en la mano y los pies sobre la mesa, pero estaba concentrado en un programa y, desde que pasaba tanto tiempo en casa, se molestaba si le interrumpían cuando veía la tele.

Se tumbó en el sofá y se tapó la cabeza con la manta, dentro de un rato le costaría respirar, pero era la única forma de que la naricilla le entrara en calor. Desde el día antes de las vacaciones, su casa se había llenado de velas y ella se ponía los dos pijamas y la bata al mismo tiempo. También se ponía tres pares de calcetines, pero los pies los tenía siempre como el mármol. Su madre se los frotaba por las noches con alcohol de romero y se los enrollaba en una toquilla de lana suave, ese era el único modo de que se le templaran y pudiera dormir. Se abrazó al oso de peluche y restregó un pie contra el otro de forma frenética hasta que su padre le gritó que parara. El corazón se le aceleró, la voz ronca de su padre le humedecía los ojos, ojalá encontrara trabajo pronto y a ella la dejaran con la abuela, hacía tanto que no la veía que casi se le había olvidado el sabor del chocolate con almendras que le daba para merendar.

La puerta de entrada se abrió y Olivia escuchó un susurro de su madre diciendo: «mierda»; sabía lo que pasaba, en un gesto automático había presionado el interruptor y la luz no se había encendido, luego había sacado el mechero y había prendido las velas. Se encogió bajo las mantas e intentó hacerse invisible para que su madre creyera que no estaba ahí. La escuchó: «Hola, Juan. ¿Dónde estará Olivia?» y por el tono supo que su madre fingía, pero se destapó con un grito igualmente y ambas rieron. Su padre les mandó callar con otro grito, fueron a la cocina a preparar la cena y Olivia le enseñó a su madre el sobre cerrado. «Por fin te has decidido, mañana podemos llevarla al buzón que han puesto en mi supermercado, luego me enseñas en la revista qué juguete has pedido». Y entonces Olivia le dijo a su madre que sí, que mañana la llevaban al buzón y que no, que no podía enseñarle ningún juguete en la revista porque había pedido lo que los Reyes quisieran traerle. Buscó en la cara de su madre las señales de orgullo y al ver que los ojos se le ponían rojos y brillantes, supo que había hecho lo correcto.


Participo con este cuento en el concurso de cuentos navideños Una Navidad diferente que organiza Zenda.

8 comentarios en “Lo que quieran traerme

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