Carmen Laforet en Barcelona

Hoy celebramos el centenario del nacimiento de Carmen Laforet. Seguro que más de una vez os he comentado que Nada es mi novela favorita. Hace tiempo que quería recorrer los lugares de Barcelona más representativos en la historia de Andrea. Por eso, he cogido el libro (una primera edición que encontré en un mercadillo de segunda mano) y he pasado el día en la ciudad.

Carmen Laforet en Barcelona

Parada 1: La Estación de Francia

Llegamos a la Estación de Francia caminando. Al contrario que Andrea, protagonista de Nada, la vemos a pleno sol y en sentido inverso. Primero la fachada, con sus grandes letras doradas. Luego, nos adentramos en el frescor del mármol y el hierro forjado. Está prácticamente vacía. Hacemos un esfuerzo para transportarnos a esa noche en que Andrea llega a Barcelona. Tratamos de imaginar «el olor especial, el gran rumor de la gente, las luces siempre tristes«, y entre todo eso, una chica de dieciocho años con un maletón lleno de libros, un viejo abrigo, risueña, expectante ante la monumentalidad de la estación modernista que le da la bienvenida a «una ciudad grande, adorada en sus sueños por desconocida«.

Carmen Laforet en Barcelona
Estació de França. Foto: Rubén Villalba.

Por dificultades en el último momento para adquirir billetes, llegué a Barcelona a medianoche, en un tren distinto del que había anunciado y no me esperaba nadie… con una sonrisa de asombro miraba la gran Estación de Francia...

Nada. Cap I

Volvemos a la calle. Ya no hay coches de caballos como aquellos que resurgieron tras la guerra. Pero imaginamos a Andrea cogiéndolo y traqueteando por las calles vacías hasta Aribau. Nosotros cambiamos el rumbo por motivos de distancia y nos dirigimos al Mercado del Borne, muy cerca de la estación.

Parada 2: El mercado del Borne

No huele a frutas maduras, ni a paja. El Borne ya no es un mercado. Ahora es un centro cultural y muestra restos arqueológicos. Coincidimos con la visita de la 13:00 y nos invitan a pasar. Estudiantes de arqueología nos explican qué están investigando. El yacimiento nos aproxima a la vida cotidiana de Barcelona a finales del XVII y principios del XVIII, cuando la vida en esta parte de la ciudad quedó interrumpida por el desenlace de la Guerra de Sucesión. Impresiona ver las calles, las casas y los restos de cerámicas, hierros, bombas de piedra, huesos de animales… Podéis aprender más sobre este yacimiento aquí. No dejéis de visitarlo.

Carmen Laforet en Barcelona
Mercat del Born. Foto: Rubén Villalba.

Barcelona se había quedado infinitamente vacía. El calor de julio era espantoso. Atravesé los alrededores del cerrado y solitario mercado del Borne. Las calles estaban manchadas de frutas maduras y de paja. Algunos caballos, sujetos a sus carros, coceaban.

Nada. Cap XXII

Parada 3: La calle Montcada

Cerca de El Born está la calle Moncada. Es aquí donde Guíxols tiene un estudio en el que se reúnen un grupo de jóvenes bohemios: artistas, escritores, pintores… con los que Andrea se relaciona durante un tiempo en la segunda parte del libro. Como consecuencia del misterioso distanciamiento de su gran amiga Ena, Andrea anda solitaria y nostálgica hasta que Pons, compañero de la Universidad enamorado de ella, la invita a conocer a sus amigos.

Hasta ahora no ha ido ninguna muchacha allí. Tienen miedo de que se asusten del polvo y que digan tonterías de esas que suelen decir todas. Pero les llamó la atención lo que yo les dije de que tú no te pintabas en absoluto y que tienes la tez muy oscura y los ojos claros. Y, en fin, me han dicho que te lleve esta tarde. El estudio está en el barrio antiguo…

Nada, Cap XIII
Carmen Laforet en Barcelona
Carrer Montcada. Foto: Rubén Villalba

Me acordé repentinamente del estudio de Guíxols y entré en la calle Moncada. El majestuoso patio con su escalera ruinosa de piedra labrada estaba igual que siempre. Un carro volcado conservaba restos de su carga de alfalfa.

Nada. Cap XXII

Parada 4: Iglesia de Santa María del Mar

Se ha hecho famosa por otra novela: La catedral del Mar de Idelfonso Falcones, que narra su construcción y la vida en Barcelona en el S. XIV. Pero ya aparece como escenario de novelas anteriores, como La sombra del viento y, por supuesto, Nada. No podemos visitar el interior porque coincidimos con una boda, pero nos contagiamos de la alegría de los recién casados y nos imaginamos a las vendedoras de claveles y retama.

Andrea visita la iglesia junto a Pons cuando van de camino a conocer el estudio de Guíxols. Pons le compra a Andrea «pequeños manojos de claveles bien olientes, rojos y blancos«. Y luego la guía a la calle Moncada, a pocos metros de la basílica. Nos la describe así:

Carmen Laforet en Barcelona
Santa María del Mar. Foto: Rubén Villalba

Santa María del Mar apareció a mis ojos adornada de un singular encanto, con sus peculiares torres y su pequeña plaza, amazacotada de casas viejas, enfrente.

Nada. Cap. XIII

Amazacotada. ¡Qué adjetivo!

Os dejo este artículo por si queréis saber algunas curiosidades de la basílica.

Parada 5: Vía Laietana

Vía amplia que atraviesa la Ciudad Vieja y comunica el ensanche con el puerto. Andrea pasa veladas estupendas en el piso que los padres de Ena tienen en esta calle. Veladas que ayudan a sobrellevar su vida miserable en Aribau. Quizá Laforet no imaginara los edificios que retratamos como el piso de Ena, pero nada más ver la fachada roja, tengo la sensación de que debía de ser aquí.

Carmen Laforet en Barcelona
Via Laietana. Foto: Rubén Villalba.

Me detuve en medio de la Vía Layetana y miré hacia el alto edificio en cuyo último piso vivía mi amiga… La Vía Layetana, tan ancha, grande y nueva, cruzaba el corazón del barrio viejo. Entonces supe lo que deseaba: quería ver la Catedral envuelta en el encanto y el misterio de la noche.

Nada. Cap. X

Parada 6: Catedral

Igual que Andrea al salir del piso de Ena, nos vamos para la Catedral. La rodeamos por completo y al caminar por las callejuelas que la rodean, no nos cuesta sentir el miedo y la excitación de Andrea al oír ese carraspeo siniestro en la noche y al darse cuenta de que una silueta diabólica se mueve hacia ella. Esa silueta es Gerardo, un cretino con el que Andrea, sin desearlo, se besa por primera vez.

Carmen Laforet en Barcelona
Catedral de Barcelona. Foto: Rubén Villalba.

La Catedral se levantaba en una armonía severa, estilizada en formas casi vegetales, hasta la altura del limpio cielo mediterráneo. Una paz, una imponente claridad, se derramaba en la arquitectura maravillosa.

Nada. Cap. X

Parada 7: Calle Aribau

Llegamos a la famosa calle Aribau y buscamos el número 36. Aquí nació Carmen Laforet hace cien años y en este piso se inspiró para escribir su novela. Tomamos distintas perspectivas. Este es el escenario más emblemático de la novela y merece un tratamiento especial. Es a este edificio a donde Andrea llega con la ilusión de comenzar una nueva vida de libertad. En cambio, rápidamente se da cuenta de que tendrá que vivir en un ambiente opresor, con la miseria de su familia gravemente deteriorada por la guerra.

Enfilamos la calle de Aribau, donde vivían mis parientes, con sus plátanos llenos aquel octubre de espeso verdor y su silencio vívido de la respiración de mil almas detrás de los balcones apagados… Levanté la cabeza hacia la casa frente a la cual estábamos. Filas de balcones se sucedían iguales con su hierro oscuro, guardando el secreto de las viviendas. Los miré y no pude adivinar cuáles serían aquellos a los que en adelante yo me asomaría… Todo empezaba a ser extraño para mi imaginación; los estrechos y desgastados escalones de mosaico…

Nada. Cap. I

Parada 8: Universidad de Barcelona

Muy cerca de la casa de Carmen Laforet está la Universidad de Barcelona. Aquí la autora estudió Filosofía, carrera que nunca terminó. Andrea, protagonista de Nada, también estudia en este edificio, donde conoce a la que será su gran amiga Ena. Paseamos por los claustros de piedra, como ellas, disfrutando del frescor de sombras y árboles alrededor de los patios.

Universitat de Barcelona. Foto: Rubén Villalba

Me gustaba pasear con ella por los claustros de piedra de la Universidad y escuchar su charla pensando en que algún día yo habría de contarle aquella vida oscura de mi casa, que en el momento en que pasaba a ser tema de discusión, empezaba a aparecer ante mis ojos cargada de romanticismo.

Nada. Cap. V
Universitat de Barcelona. Foto: Rubén Villalba

Parada 9: Plaza de la Universidad

Justo enfrente está la Plaza de la Universidad. Hoy encontramos coches, taxis y patinetes. Cuando Andrea llega a Barcelona, el coche de caballos en el que viaja desde la Estación de Francia da la vuelta en esta plaza para dirigirse hacia la calle Aribau. Por primera vez, Andrea ve el edificio en el que estudiará y lo mira con los ojos ilusionados con los que llega a la ciudad.

El coche dio la vuelta a la plaza de la Universidad y recuerdo que el bello edificio me conmovió como un grave saludo de bienvenida.

Nada. Cap. I

Parada 10: Plaza Cataluña

Llegamos a la Plaça de Catalunya. Lugar que une la ciudad vieja con el ensanche. Hay palomas y niños. Nos sentamos a observar. El sol calienta demasiado en esta época del año. Pensamos que quizá Andrea tuviera razón y el mejor momento para sentarse al sol en esta plaza sea un mediodía de invierno.

Plaça de Catalunya. Foto: Rubén Villalba.

La hora del mediodía es la más hermosa en invierno. Una hora buena para pasarla al sol en un parque o en la Plaza de Cataluña.

Nada. Cap. XI

Parada 11: Ramblas y Calle Tallers (Barrio Chino)

Bajamos por las Ramblas y entramos en la Calle Tallers que se encuentra en el distrito del Raval. Esta zona de la ciudad, se conoció durante muchos años con el nombre de Barrio Chino. Así es como se menciona en la novela. Y aparece retratado como un lugar peligroso al que la tía Angustias le tiene prohibido acercarse a Andrea. Ella, sin embargo, atraída por el ambiente, se adentrará en más de una ocasión por sus calles.

Si quieres saber por qué El Raval fue conocido como El barrio Chino durante setenta años, puedes leer este artículo.

Calle Tallers. Foto: Rubén Villalba.

«Espero que no habrás bajado hacia el puerto por las Ramblas… Hija mía, hay unas calles, en las que si una señorita se metiera alguna vez, perdería para siempre su reputación. Me refiero al barrio Chino… Perdidas, ladrones y el brillo del demonio, eso hay».

Y yo, en aquel momento, me imaginé el barrio Chino iluminado por una chispa de belleza.

Nada. Cap. V

Descubrí en la calle de Tallers un restaurante barato y cometí la locura de comer allí dos o tres veces. Me pareció aquella comida más buena que ninguna de las que había probado en mi vida, infinitamente mejor que la que preparaba Antonia en la calle de Aribau.

Nada. Cap. XI

Hasta aquí nuestro recorrido. Por supuesto, nos han quedado lugares sin visitar que también aparecen en la novela como Montjuic o Tibidabo, una excusa perfecta para regresar.

Yo en las callejuelas tras la Catedral ubicando la siguiente parada. Foto: Rubén Villalba.

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